La Cuesta del Molino

En el páramo de Villaescobedo (Valle de Valdelucio, Burgos) hay un interesante conjunto de dólmenes y túmulos que no fueron descubiertos hasta el año 1993. Se trata de una de las acumulaciones más interesantes del norte de la Península Ibérica, no sólo por la cantidad, sino por la variedad tipológica: dólmenes de corredor con las lajas de la cámara sobresaliendo del túmulo, amontonamientos de tierra de diferentes tamaños, un túmulo de 34 metros de diámetro por 3,5 metros de altura... y un menhir partido y derribado, izado sobre un minúsculo túmulo, apenas un lentejón de tierra en un suelo de caliza denudado.

 

Este menhir presentaba a la vista únicamente una piedra hincada de apenas medio metro de altura. El resto, otros dos metros de la misma laja, se encontraba en las proximidades, tapado por las piedras acumuladas por algún pastor para construir un rudimentario refugio que le protegiera de los vientos del páramo.

 

Villaescobedo es un pueblo de unos pocos, poquísimos, habitantes, situado al noreste de la carretera nacional 627 de Burgos a Aguilar de Campoo. Justo antes de abandonar la provincia burgalesa y llegar a Palencia, se toma un desvío que conduce desde el valle de Valdelucio hasta un páramo inmenso que forma parte de La Lora. Esta gran meseta se desarrolla, de este a oeste, desde el río Rudrón hasta el Castro Bernorio, en las proximidades de Aguilar de Campoo, y de norte a sur desde el río Ebro en Valderredible hasta el mencionado valle de Valdelucio y Basconcillos del Tozo. El páramo es en realidad una estepa desprovista de vegetación, con un suelo (litosuelo) muy endeble, con recursos hídricos diversos (fuentes dispersas), pero con algunas características muy interesantes: dolinas de acumulación de la disolución de las calizas, de gran rendimiento cerealístico; pastos utilizables durante todo el año, fuentes inagotables, proximidad a bosques y ríos de gran caudal. En definitiva, un ecosistema rico y variado desde el que se accede con facilidad a valles con abundante vegetación, caza, pesca, fruta y un largo etcétera que permitiría la vida con relativa facilidad a lo largo de la Prehistoria.

 

Pero volvamos al menhir de La Cuesta del Molino. En su estado inicial, resultaba difícil determinar su uso, y mucho menos su cronología. No obstante, se había detectado hacía algunos años una posible alineación de piedras hincadas (y otras derribadas) que podía formar parte de un ruta, un límite, una señalización de tiempo indeterminado. En ese conjunto de grandes piedras, más de 50, que se encuentran razonablemente ordenadas entre los páramos de Burgos y las montañas de Cantabria, hay ejemplares que ya se han excavado (el menhir de Los Lagos en Reinosa, por ejemplo), otros que han sido datados tipológicamente, como los de Sejos; un tercer grupo uniforme, los menhires de Valdeolea; y un cuarto grupo, el de los menhires de Burgos y de Palencia, que parecen corresponderse con la zona más meridional de la alineación.

 

Así que en 2005, Germán Delibes, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Valladolid, y Miguel Moreno, profesor de Ciencias Históricas de la Universidad de Burgos, decidieron solicitar los permisos oportunos a la Junta de Castilla y León y hacer una cata arqueológica en el menhir de La Cuesta del Molino. Se buscaba determinar el procedimiento constructivo (cómo se había hincado) y poco más. Pero, sorprendentemente, ya el primer día de excavación se encontraron restos óseos en la estrechísima zanja meridional, de apenas cincuenta centímetros. Junto a los huesos aparecieron vestigios cerámicos y líticos, lo que obligó a trabajar con un especial cuidado, hasta llegar al fondo de la zanja en la que estaba hincada la base del menhir. La suerte acompañó también en este último tramo de la excavación, porque se encontraron unos pequeños carbones en la base de la laja, que fueron recogidos y mandados a analizar, junto con los huesos, a la Universidad de Groningen, en Holanda.

 

recreación del menhir hincado

 

El resultado final de la excavación ha sido publicado en 2008 (aunque lleva fecha de 2007) en el número 60 de la revista Zephyrvs de la Universidad de Salamanca. Las conclusiones más destacables son las siguientes:

Parece claro que en un primer momento se abrió una fosa de cimentación, para lo que hubo que cortar la roca madre del páramo. En segundo lugar se hincó y afianzó un menhir de unos cuatro metros de altura total, de los cuales quedaron por debajo del nivel del páramo aproximadamente un metro y medio. Posteriormente se construyó un túmulo, como refuerzo probable de una sepultura. En un momento indeterminado, se saqueó el sepulcro, mediante la excavación de una fosa que desestabilizó y socavó el menhir, provocando la rotura de la gran piedra.

 

Aunque la excavación arqueológica fue marginal, de muy pequeñas dimensiones, aparecieron varias piezas de sílex talladas, esquirlas de ofita y una decena de fragmentos pertenecientes al menos a dos vasijas hechas a mano. Los huesos parecen corresponden a dos individuos de entre 17 y 25 años.

 

Parte de los materiales de la excavación.

 

Las dataciones radiocarbónicas fueron dos, una de ellas de la base del menhir, que dio un resultado de 4460+-40 BP, y otra, correspondiente a los huesos, que devolvió una cronología de 2875+-35 BP.

La estratigrafía de la excavación ya había mostrado que el enterramiento era posterior a la erección del menhir, pero sorprende la diferencia de 1.600 años, sobre todo si se observa la discordancia entre la cronología de los cadáveres y la industria cerámica y lítica asociadas, que parecen mucho más antiguas. Es probable que por razones técnicas (contaminación de ácidos húmicos, etcétera), haya un error en la segunda datación, la de los huesos, que hubo de hacerse por espectrometría de acelerador de masas, dada la escasez de colágeno.

 

En cualquier caso, queda demostrado que La Cuesta del Molino es un menhir prehistórico que está acompañado de un enterramiento múltiple, también prehistórico. El trabajo de datación de otros menhires de la zona continúa en la actualidad, así que habrá que esperar para poder determinar si todos son de la misma época, y saber qué significado pueden tener. Paradójicamente, como ocurre con frecuencia en la investigación científica, la obtención de resultados lleva a la formulación de nuevas preguntas. En este caso nada más se quería saber cómo estaba construido el monumento, pero la aparición del enterramiento y su ajuar nos llevan a abrir otras perspectivas. Como se dice en las series de televisión: continuará.

Coordenadas: x0412922 y4734082.