
Carnac es al megalitismo lo que el Vaticano a la iglesia católica. La Bretaña francesa es el paraíso que soñaría cualquier estudioso o aficionado. Si los dólmenes son espléndidos, qué decir de los menhires, abundantes por centenares, alineados, sugerentes, bien conservados. El museo de Carnac es también magnífico, y sirve como colofón a las excursiones que se pueden hacer en coche, en bicicleta o andando por Morbihan, Locmariaquer, y en general por la costa del "Finisterrae" francés.